Alianza del Pacífico: un camino que se debe continuar

Hoy, la Alianza representa una oportunidad para asumir los retos del posconflicto, pues estimula la apertura de nuevos mercados y la entrada de inversión extranjera que podría dirigirse a la transformación productiva del campo

Por: Camilo Defelipe, docente de política exterior de la Universidad Javeriana y magíster en comercio internacional de la Universidad de Barcelona.

Publicado en la revista Business Mail, disponible aquí 


Se cumplen cinco años de la formalización de la Alianza del Pacífico. En medio de la incertidumbre económica y política global, surge la pregunta si el proyecto de integración más importante de América Latina está generando las condiciones económicas e institucionales para enfrentar los retos inescapables, producidos por los recientes cambios locales e internacionales.

El 2016 fue un año de incertidumbre debido a la inestabilidad política y económica, los problemas de seguridad en Europa y Venezuela, la desaceleración del crecimiento chino, la lenta recuperación de Estados Unidos, y la incertidumbre de las elecciones y el distanciamiento discursivo de Donald Trump del libre comercio. En efecto, los miembros de la Alianza tuvieron un desempeño macroeconómico aceptable, pero a niveles inferiores en relación con años anteriores, a la vez que sus procesos de reprimarización no dieron pausa.

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Dentro de los cambios estructurales, los precios del petróleo están en su mínimo histórico; China ya es uno de los socios económicos más importantes de la región y ha declarado que aumentará su presencia en Latinoamérica, haciéndola una realidad inescapable para cualquier tomador de decisión. Colombia por su parte ha firmado un proceso de paz, pero para hacer realidad un nuevo país, necesita implementar reformas económicas profundas que le permitan revolucionar el modelo productivo del campo.

Actualmente, en el punto de la globalización donde nos encontramos, la integración cada vez más profunda hace que tanto avances como problemas sean compartidos y por ello, ya ningún país puede asumir por si solo sus propias tareas de gobierno y es necesario profundizar los esquemas de integración.

Frente a esto, la Alianza del Pacífico tiene metas ambiciosas. Ofrece los medios para empoderar la economía colombiana dentro de la globalización, más que protegerse de ella. Es la nueva esperanza de integración regional y la única plataforma que tiene Colombia para integrarse en la Cuenca del Pacífico. Además de promover el libre comercio, su agenda de cooperación también significa la posibilidad de aprender de la experiencia de nuestros socios más aperturistas y de poder llegar a incidir en las negociaciones de las áreas de libre comercio más grandes del mundo.

Colombia podría aprender de sus socios y trasladar tales aprendizajes hacia sus políticas de competitividad. Sus metas de armonización de normas y la facilitación del flujo internacional de inversiones, cimentados en un compromiso de diálogo político, permite a los países miembros y especialmente a Colombia sumar fuerzas para asumir los retos de gobernabilidad.

La Alianza del Pacífico es además una oportunidad para asumir los retos del posconflicto, en la medida que la apertura de los mercados y la entrada de inversión extranjera podrían dirigirse a la transformación productiva del campo, a través de proyectos agroindustriales con el potencial de contribuir a satisfacer  la demanda de alimentación básica y del nuevo consumidor de la clase media emergente asiática, además de competir con productos de valor agregado en los mercados en recuperación de Estados Unidos y Europa.

Technology in the hands

Teniendo en cuenta entonces los escenarios de riesgos y oportunidades, es necesario ver si la Alianza evoluciona en la dirección correcta. Los logros de la Alianza se destacan esencialmente por avanzar en la facilitación del comercio y de los flujos de inversión. De acuerdo con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, las exportaciones de bienes no minero energéticos que Colombia hizo a los países de la Alianza del Pacífico entre 2010 y 2016 creció en un 18%.

Productos agrícolas como dátiles,  higos,  piñas,  aguacates y guayabas, pasaron de exportar USD$151.000 a USD$1.7 millones. Los vehículos para el  transporte  de diez o más personas pasaron de vender USD$1.2 millones a USD$8 millones. Papel y cartón estucados que vendieron a  la  Alianza  del Pacífico en 2015 un total de USD$341.000, pasaron a USD$1.5 millones en 2016. Los vehículos para el transporte de mercancías pasaron de exportar USD$697.000 a USD$2,9 millones. Máquinas y aparatos para imprimir exportaron en el 2015 USD$375.000 y el año pasado exportaron USD$1.1 millones. Lo anterior refleja una mejora de la composición de la canasta exportador.

La Alianza también ha evolucionado en sus agendas de trabajo, específicamente en la reducción de aranceles, la suscripción del Protocolo Adicional que desgrava el 92% del universo arancelario; la simplificación de trámites; la integración de las bolsas de valores en el Mercado Integrado Latinoamericano (MILA) y los avances que ha logrado esta plataforma en materia de regulación y protección de los mercados de capitales; la puesta en marcha de un programa de becas estudiantiles que ya tiene más de cien beneficiarios; la eliminación de visas de turismo y de negocios hasta por seis meses, y la apertura de embajadas conjuntas en África y Asia.

De igual forma, como forma de soporte al desarrollo de las Pymes, se firmó un acuerdo de cooperación para apoyo financiero. De manera paralela, de acuerdo con el Banco Mundial, los países miembros han logrado aumentar de manera considerable la facilidad para hacer negocios. Son entonces, avances  en la dirección correcta y al tiempo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

discursivo de Donald Trump del libre comercio. En efecto, los miembros de la Alianza tuvieron un desempeño macroeconómico aceptable, pero a niveles inferiores en relación con años anteriores, a la vez que sus procesos de reprimarización no dieron pausa.

Dentro de los cambios estructurales, los precios del petróleo están en su mínimo histórico; China ya es uno de los socios económicos más importantes de la región y ha declarado que aumentará su presencia en Latinoamérica, haciéndola una realidad inescapable para cualquier tomador de decisión. Colombia por su parte ha firmado un proceso de paz, pero para hacer realidad un nuevo país, necesita implementar reformas económicas profundas que le permitan revolucionar el modelo productivo del campo.

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