El campo colombiano: una oportunidad sin explorar

La variedad de pisos térmicos, fuentes hídricas, territorios insulares y ecosistemas con que cuenta el país, conforman una biodiversidad envidiable en el mundo.

Por: Mauricio Perfetti, Director Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane)


La comisión corográfica del siglo XIX marcó el inicio de una nueva época para Colombia. Los mapas detallados de todas las provincias y el inventario de recursos naturales que se obtuvieron, fueron de vital importancia para la construcción de nuevas vías de comunicación, el diseño de políticas para el campo colombiano y para atraer inversión extranjera al país. Fue toda una revolución.

Los resultados del Tercer Censo Agropecuario que se entregaron al país recientemente, podrían causar un impacto tanto o más positivo que el causado por la comisión corográfica.

Para nadie es un secreto que Colombia ostenta una biodiversidad envidiable por el planeta entero. La riqueza del campo colombiano está representada en la variedad de pisos térmicos, los ecosistemas, las fuentes hídricas, los territorios insulares y dos mares. Según las cifras del Tercer Censo Nacional Agropecuario, Colombia tiene 63,2 millones de hectáreas en bosque natural, 43 millones de hectáreas en uso agropecuario, de las cuales 34,4 millones están en pastos y rastrojos y 7,1 millones de hectáreas en cultivos transitorios, permanentes, forrajeros y plantaciones forestales bajo siembra en monocultivo o policultivo.

El hecho de tener más de siete millones de hectáreas cultivadas, significa que hay más trabajo por hacer del que se pensaba, porque estábamos convencidos de tener solo 5.5 millones de hectáreas dedicadas a cultivos. Tres cuartas partes de esta diferencia se localiza básicamente en territorios de grupos étnicos en el litoral pacífico: Nariño, Cauca y Valle del Cauca; y en los departamentos de La Guajira, Amazonas, Vaupés, Guainía y Vichada.

Lo demás corresponde sobre todo a un incremento considerable en plantaciones forestales y cultivos de piña, aguacate, y plantas aromáticas, entre otras; y cultivos de café, papa y arazá en zonas que antes no se habían registrado.

campo-colombiano

Un dato muy importante es que más del 70% de las Unidades de Producción Agropecuaria (UPA), están ubicadas en territorios de menos de cinco hectáreas y juntas ocupan solo el 2% del total del área rural dispersa; en cambio, solo el 0.5% de las UPA están ubicadas en territorios de más de 500 hectáreas y juntas representan casi el 80% del área rural dispersa del país, aunque es necesario aclarar que aquí se incluyen los territorios de los grupos étnicos. El gran cambio desde el último censo agropecuario de 1970 es una reducción importante en el número de unidades de producción de tamaño medio; es como si se viniera presentando un fenómeno de subdivisión en éstas. Mientras que el fenómeno de concentración en las de mayor tamaño pareciera haberse congelado.

Otro hallazgo relevante es que el campo presenta diferencias grandes en temas de desarrollo tecnológico, infraestructura, asistencia técnica y financiamiento. Solo el 16,5% de las UPA del área rural dispersa censada declararon haber recibido asistencia técnica y esta proporción no es muy diferente para las unidades de producción que declararon tener construcciones y maquinaria para el desarrollo de las actividades agropecuarias. El 33,3% de las UPA con cultivos en el área rural dispersa censada tienen sistema de riego. Mientras que en solo el 10,7% los productores declararon haber solicitado crédito para el desarrollo de sus actividades.

Pese a todas estas carencias, en el año 2013 Colombia registró 33.998.002 toneladas de producción agrícola en total de sus productos. La mitad de esta producción se concentró en los departamentos de Antioquia, Valle del Cauca, Tolima, Cundinamarca, Meta y Nariño, y el 25% del área cosechada se concentra en café y plátano.

Son innumerables los aciertos y bondades de este Tercer Censo Nacional Agropecuario, pero el logro más importante de todos, aparte de ser un hecho sin precedentes en la historia del país, es que el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) puso a disposición de todos los interesados la base de microdatos anonimizada para que el sector público, el sector privado, la academia, los organismos internacionales o cualquier persona en el mundo pueda estudiar la realidad del sector rural colombiano y llegar a resultados, incluso, a nivel de vereda o Unidad de Producción Agropecuaria (UPA), además de obtener resultados departamentales y municipales.

Si los resultados de aquella comisión corográfica conmovieron positivamente al campo colombiano en el siglo XIX, es fácil imaginar lo que puede pasar de aquí en adelante. Cuando el presidente de la República, Juan Manuel Santos, recibió el libro digital con los resultados del censo, no dejó de exhibirlo a la audiencia como si llevara una bandera de esperanza. Palabras más o menos dijo que el censo y la paz eran las herramientas más poderosas para el desarrollo rural integral de Colombia.

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