La corrupción como factor de competitividad global

Publicado en Business Mail Julio 2016, disponible aquí


Por Daniel Linsker, Partner de Control Risks

Efectos económicos y reputacionales adversos no son los únicos daños que causa la corrupción; la competitividad de los países también sufre con este flagelo.

La corrupción, no solo la política sino también la empresarial, se ha vuelto un tema diario. Y a pesar de que son muchas las discusiones que se han dado en torno a los riesgos legales, financieros y reputacionales a los que conlleva, es poco lo que se ha dicho sobre la corrupción como un factor determinante de la competitividad de los países y las empresas. Esto es lamentable, pues cada vez más los inversionistas y las compañías están incluyendo la corrupción -y en especial la percepción de corrupción- como un factor crítico a la hora de evaluar sus negocios.

Por ejemplo, en la más reciente Encuesta Anual de Actitudes Empresariales ante la Corrupción  de Control Risks, un 30% de los más de 800 empresarios encuestados a nivel mundial expresó haber desistido de una oportunidad de negocios por la percepción de corrupción, y un 41% dijo haberse retirado de una transacción después de haber invertido dinero y recursos en su evaluación por temas de corrupción. Es por esto que es de la más alta importancia que a nivel país y a nivel empresarial se incluya la corrupción dentro de la agenda de competitividad.

Riesgo país

A medida que los inversionistas evalúan cada vez más profundamente el riesgo de corrupción en su toma de decisiones, se vuelve más y más crítico para el país empezar a reversar la caída sostenida que ha venido experimentando en los índices globales de percepciones de corrupción. Así mismo, se hace importante no compararnos con nuestros vecinos y la región, pues vivimos en un mundo de competencia globalizada. Podremos estar por encima de México, Perú y Ecuador en el último índice de percepciones de corrupción de Transparencia Internacional, pero quedamos a la par de países como Liberia y Benín y  por debajo de otros como Brasil (con su escándalo “Lava Jato”), Panamá y otros tantos como Burkina Faso, Mongolia y Jamaica. A grandes rasgos, sacar 37 sobre 100 en cualquier examen es rajarse con méritos.

Competitive Edge

Lo importante es no subestimar el costo de la corrupción cuando los inversionistas están utilizando el riesgo de corrupción como un indicador clave a la hora de evaluar qué tan idóneo es un país para sus inversiones, pues a pesar de que países como Colombia han trabajado muy fuertemente para fomentar la confianza inversionista y están llenos de oportunidades de negocios, los impactos potenciales de un escándalo de corrupción pueden ser devastadores. En otras palabras, si la oportunidad es muy buena pero el riesgo de corrupción es alto, es muy probable que el inversionista se retracte o desista de la oportunidad.

Y todo esto sin contar el costo que tiene la corrupción sobre la eficiencia y efectividad del gasto público, no sólo para fomentar un crecimiento económico sostenible y bienestar, sino también a la hora de lograr mejorías en otros factores críticos de la competitividad, como la infraestructura y la educación.

Corrupción privada y competitividad

top 10.pngSi bien la mayoría de los escándalos de corrupción están relacionados con la contratación estatal, la corrupción entre privados es también un factor importante de competitividad. En un gran número de las investigaciones internas que hemos realizado en los últimos dos años en Control Risks, se evidencia claramente una preocupante tendencia a encontrar, más allá de los casos de fraude directo, un amañamiento de procesos de contratación para favorecer a un participante específico o un conflicto de interés no declarado. Esta tendencia se ve reflejada en nuestra encuesta, en la cual el 43% de los consultados en el país dijo haber tenido indicios fuertes de haber perdido un contrato o negocio por un soborno o acto de corrupción.

Más allá de poder estar seguros de si lo mencionado es cierto o no, esto sólo ayuda a fomentar la imagen cultural de que “así se hacen los negocios aquí”, lo cual termina socavando la confianza empresarial, sin mencionar las pérdidas y sobrecostos que puede generar. A medida que las empresas colombianas se internacionalizan cada vez más, estos costos escondidos pueden terminar volviéndolas menos competitivas. Es muy importante entonces que las compañías fortifiquen sus sistemas de control y auditoria internos, y que con palabras y acciones la alta gerencia siente un ejemplo de cero tolerancia con la corrupción. Además, el empresariado debe reconocer que Colombia a nivel corporativo es un mercado que requiere de evaluaciones de amenazas sólidas previas a la entrada o la realización de negocios, capacitación sobre cumplimiento y monitoreo continuo de los riesgos de integridad.

Sin lugar a dudas, Colombia es un país lleno de oportunidades, pero el mundo está lleno de otros países con buenas oportunidades; es por eso que necesitamos urgentemente incluir el tema de la corrupción en nuestra agenda de competitividad, pues la confianza al inversionista no sólo pasa por tratados de protección de inversión y reglas claras, sino también por la ciudadanía corporativa del país.


De interés:
Editorial | Nuestro aporte a la lucha contra la corrupción

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