Editorial |El mayor obstáculo, el peor problema

Publicado en Business Mail Abril 2016, disponible aquí 


Por: Camilo Reyes, Director Ejecutivo de AmCham Colombia.

Al vislumbrar la hoja de ruta para que nuestro país logre la prosperidad bajo instituciones democráticas fuertes y eficientes, que nos permitan construir una sociedad en paz, equitativa y educada, vemos un obstáculo -el mayor obstáculo-: la corrupción.

Tenemos ejemplos externos dramáticos como los de Brasil y Venezuela, dos países que ven hoy día su destino frustrado y la perdida de décadas de trabajo, reformas y avances, por no reconocer la existencia de la corrupción, su dimensión y su capacidad destructiva.

En nuestro país hay señales alarmantes. Cuando repasamos los titulares de los periódicos referidos al Programa de Alimentación Escolar (PAE) denunciado por la Ministra de Educación, los millones perdidos en el sector de la salud, el negocio de las exportaciones ficticias, el carrusel de la contratación en Bogotá y la imputación de cargos a 13 alcaldes, además de la apertura de 114 investigaciones más, constatamos que estas son sólo algunas expresiones de un fenómeno aterrador. Es la punta del iceberg.

Estamos convencidos de que para enfrentar este flagelo es indispensable el trabajo conjunto y coordinado  entre el gobierno, el sector empresarial, la sociedad civil y la comunidad internacional. Teniendo en cuenta lo anterior nuestra Cámara ha iniciado la promoción de una Declaración que pretende ubicar la lucha contra la corrupción como prioridad en la agenda del sector empresarial.

Queremos con ella aglutinar una masa crítica de empresas a partir de la cual, en coordinación con los otros actores, empezando por el gobierno, logremos adelantar un plan de acción. Creemos que esta iniciativa adquiere especial significado cuando enfrentamos dos retos: primero, hacer del posconflicto un periodo viable de nuestro porvenir y, segundo, superar las necesidades financieras que hoy enfrenta el país debido a una coyuntura global.

La Declaración pretende reiterar compromisos que ya existen en instrumentos de carácter nacional e  internacional como el Estatuto Anticorrupción, la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción y las disposiciones sobre la materia de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE), entre otros.

Este esfuerzo tiene dos dimensiones que sugieren un amplio abanico de posibles acciones. Lo que es necesario hacer hacia el interior de las empresas y lo que debemos hacer frente a la sociedad. Deberíamos de construir a partir de las empresas una nueva institucionalidad que apoye al Estado en este propósito, que nos permita conformar un entorno de negocios transparente, con reglas claras  y justas.

El compromiso es la lucha contra las diferentes expresiones de la corrupción como: el cohecho, la extorsión, el soborno, el peculado, la colusión, el fraude y el tráfico de influencias. Para esto queremos acordar una serie de acciones para darle eficiencia y coherencia a este esfuerzo.

Desde este editorial extendemos una invitación a las empresas afiliadas a nuestra Cámara a sumarse a esta iniciativa. Para este fin haremos también una aproximación individual, empresa por empresa. Es lo que se impone a partir del talante y la historia de AmCham.

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