Marcas en el capítulo de Propiedad Intelectual del TPP: ¿sí o no?

Publicado en Business Mail Marzo 2016, disponible aquí 


Por: Camilo Vicaria, Colaborador de BR Latin America y Bonila Marcas.

El texto del Transpacific Partnership (TPP) es público desde noviembre del 2015 e incluye un capítulo de propiedad intelectual (PI) que va mucho más allá de las normas del ADPIC, el tratado multilateral en propiedad intelectual en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Las críticas en contra de este acuerdo ya son numerosas y varían desde preocupaciones en materia de salud pública hasta la generación de más disparidad social. Este artículo busca identificar cuáles son los argumentos en contra y a favor de estas nuevas obligaciones en PI que van más allá de los compromisos actuales multilaterales y cuáles son estas obligaciones “adicionales” que prevé el TPP en específico para las marcas, además de analizar cuáles son los aspectos positivos de estas normas en ellas.

Para empezar con los argumentos en contra de estas obligaciones adicionales, algunos economistas sostienen que los beneficios que la sociedad recibe de protección legal en materia de PI ya se alcanzan satisfactoriamente con las normas multilateral actuales y que fijar estándares superiores únicamente beneficiaria a sectores de la industria con alta dependencia en PI, como el farmacéutico, entre otros. Adicionalmente, se afirma que hay razones para creer que las normas que aumentan la protección de PI incrementan los precios por la concentración de poder en el mercado de unos o un único productor.

Análogamente, desde el punto de vista legal, es claro que el ADPIC permite a los miembros de la OMC hacer mayores compromisos que los alcanzados en ese tratado, siempre que esa mayor protección esté en conformidad con sus normas. La pregunta entonces es si las obligaciones adicionales del TPP cumplen con el objetivo del ADPIC de hacer de los derechos de PI un verdadero balance de derechos y obligaciones. Algunas críticas apuntan a que el TPP limita el conocimiento en exceso con normas que eliminan flexibilidades para usuarios del Internet y para los mismos innovadores en tecnología y, que más que libre comercio, fortalece los monopolios de la PI.

También, se argumenta que un tratado internacional no es el mecanismo más adecuado para establecer obligaciones que van más allá del ADPIC. Autores refieren que a medida que las economías maduran a mayores niveles de capacidad tecnológica, más compañías solicitarán mayor protección en materia de PI. Este hallazgo sugiere que la política pública más adecuada para incrementar estándares de protección en materia de PI es esperar a que el nivel de ingresos aumente lo suficiente para que se produzca un aumento de manera automática. Fijar esos estándares a nivel internacional conlleva el riesgo, para algunos, de que los estándares resulten excesivamente altos; por ejemplo, para algunos críticos, el término de protección a los derechos de autor por 70 años demasiado largo.

Por otra parte, a favor de estas obligaciones adicionales del TPP se encuentran estudios micro y macroeconómicos y de casos específicos de países en donde la tendencia a incrementar la protección de derechos de PI genera resultados positivos para la economía. También se refiere que adoptar estándares uniformes de protección previene que los consumidores se vean afectados por el hecho de que, como consecuencia de que los estándares de protección sean más bajos en sus páises, la innovación del mundo no esté enfocada en solucionar las necesidades particulares que tienen. Hay evidencia de que las compañías líderes en innovación de economías desarrolladas parcializan sus programas de investigación hacia productos y tecnologías de los que esperan alta demanda global y donde pueden ser protegidos por derechos de PI. Esto implica que una cantidad desproporcionadamente pequeña de la investigación a nivel mundial se enfoca en responder a las necesidades de los países en vía de desarrollo con ingresos per cápita menores y estándares de protección en PI más bajos. Para evitar que existan estándares más altos o demasiado bajos, el hecho de que los países con estándares altos y los países con estándares más bajos encuentren un modelo medio a nivel regional es positivo. A nivel nacional se puede siempre incrementar el nivel de protección, pero el TPP constituye una señal fuerte a los investigadores para enfocar sus esfuerzos a las necesidades de toda la región.

Así mismo, tener estándares en materia de PI en un tratado internacional hace que sean más difíciles de modificar que lo que sería si estuvieran sólo en la ley nacional. Esto puede generar más certeza y predictibilidad de las normas, incentivando entonces la inversión en innovación y el comercio internacional.

En este punto es importante preguntar ¿qué es nuevo en el TPP para las marcas? Primero, extiende el ámbito de aplicación de las materias que pueden ser protegidas por marcas. Mientras el ADPIC permite a los miembros de la OMC establecer como condición para registrar una marca que se trate de signos visualmente perceptibles, el TPP expresamente establece que los países firmantes no pueden requerir como condición para registrar que los signos sean visualmente perceptibles, generando la posibilidad de registrar sonidos y/o aromas.

También hay diferencias en asuntos de los procedimientos para impugnar el registro de marcas. Mientras el ADPIC sólo establece que los miembros pueden contemplar en su ley la oportunidad de impugnar el registro de una marca, el TPP va más allá y hace de esto una obligación. Análogamente, mientras que el término de protección de marcas en el ADPIC es mínimo de siete años, en el TPP es de diez años. En cuanto a marcas notoriamente conocidas, a diferencia del ADPIC, el TPP las define y no requiere registro para protegerlas.

Ahora ¿cuáles son los aspectos positivos de estas normas en marcas? Primero, debe destacarse que una mayor protección, como la posibilidad de registro de sonidos, la posibilidad de oposición al registro y la protección sin registro de las marcas notoriamente conocidas, genera el resultado de menos confusión en los mercados. También que estas normas son bases más sólidas de competencia leal y una señal fuerte de estabilidad que atrae a los inversionistas.

Partiendo de un análisis de los argumentos a favor y en contra de las obligaciones adicionales del TPP, es posible concluir que específicamente las normas de marcas presentan muchos aspectos positivos. Aunque los juicios sobre la conveniencia del tratado como un “paquete único” son necesarios para las discusiones políticas, se puede correr el riesgo con ellos de ser impreciso. Etiquetar al TPP en blanco o negro podría ser un obstáculo para identificar buenas prácticas reglamentarias para sectores específicos como las marcas, independientemente de la aprobación o no de ese tratado.

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