La agenda de la paz para terminar la guerra

Publicado en Business Mail Marzo 2016, disponible aquí 


¿Qué es lo que se ha estado hablando en la mesa de diálogo de La Habana?
Por: Angélica Villamarín, Directora de Medios y Comunicaciones de AmCham Colombia

Hoy Colombia atraviesa sin duda uno de sus momentos más importantes como país. Estamos por encontrarnos cara a cara con una decisión que tiene el poder de cambiarnos el rumbo y que, por ello, requiere de un esfuerzo colectivo. En este contexto, la capacidad de la sociedad civil para intervenir sustancialmente en la formación de una nación renovada se relaciona inevitablemente con que lleguemos al compromiso de conocer y entender lo que se está acordando en las conversaciones con las FARC y lo que se dialogará también con el ELN, ahora que se ha iniciado oficialmente el proceso de paz con éste, el segundo mayor grupo armado ilegal del país.

La comprensión cercana del proceso de paz de La Habana debería ayudarnos a evadir el arraigo de supuestos que den paso a la intolerancia y, a su vez, a estimular el desarrollo de habilidades de construcción de paz. Es necesario saber que este es un acuerdo que se propone finalizar el conflicto armado en Colombia; esto significa que debe incluir las consideraciones y condiciones requeridas para generar un proceso con suficientes garantías para lograr el objetivo. Así mismo, es crucial no perder de vista que las conversaciones se llevan a cabo bajo el principio rector de que nada está acordado hasta que todo esté acordado y que prevén que ese entendimiento final sea refrendado por los colombianos.

Actualmente, el último punto de la agenda, referente a la implementación, verificación y refrendación de lo acordado, sigue abierto sobre la mesa en Cuba. En contraste, a la fecha ya se han pactado acciones concretas en los cinco pilares fijos que componen la agenda:

Política de desarrollo agrario integral

Las partes del diálogo han convenido la puesta en marcha de la Reforma Rural Integral (RRI), que sienta las bases para la transformación estructural del campo en miras de disminuir sus niveles de pobreza, promover la igualdad, eliminar la brecha entre el campo y la ciudad y reactivar la economía familiar. Este componente del acuerdo de paz aborda los temas de acceso y uso de la tierra, seguridad alimentaria y el establecimiento de programas especiales de desarrollo con enfoque territorial.

Participación política

El Gobierno Nacional y las FARC se han comprometido con la práctica de una democracia robustecida e incluyente que fomente y respete la oposición, los movimientos sociales y un ejercicio de la política libre de violencia. Este último es un punto clave para la formulación de una paz sostenible en Colombia, que como país está tristemente familiarizado con un lazo recurrente entre las urnas y las armas. La disolución de este vínculo es igualmente importante porque invoca la necesidad de establecer garantías de seguridad para quienes se reintegren a la sociedad, como una forma de asegurarle al país que la política no recurrirá de nuevo a la violencia.

Solución al problema de las drogas ilícitas

El proceso de paz ha reconocido plenamente que las drogas ilícitas constituyen un problema para lograr una paz duradera en el país. Los puntos centrales de lo convenido en este campo hacen referencia a la promoción de la sustitución voluntaria de los cultivos ilícitos, la trasformación de los territorios afectados por ellos, el tratamiento del consumo de drogas ilícitas bajo un enfoque de salud pública y la intensificación de la lucha contra el crimen organizado alrededor del narcotráfico en Colombia.

Fin del conflicto

Ha sido abordado en la agenda de los diálogos desde el punto de vista del desescalamiento del conflicto armado y la construcción de confianza. En este contexto, el gobierno y las FARC establecieron un acuerdo de limpieza y eliminación de materiales de guerra como minas antipersonales y artefactos explosivos artesanales, que una vez implementado mejoraría las condiciones de seguridad de los habitantes de zonas de riesgo afectadas. Añadido a esto, a la fecha de redacción de este artículo, las FARC han mantenido su cese unilateral al fuego por ocho meses, según asegura la Defensoría del Pueblo. No se han registrado hostigamientos, ataques armados contra estaciones de Policía y guarniciones militares o atentados contra la infraestructura petrolera, vial y eléctrica del país. No obstante, persisten acciones de riesgo para la población civil como la extorsión, las amenazas y el desplazamiento forzado, todas relacionadas con el control territorial.

Víctimas

En este punto de consenso se ha pactado la creación de un Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, que incluye la Jurisdicción Especial para la Paz, y de un Compromiso sobre Derechos Humanos. Estas iniciativas concretas se fundamentan en principios recíprocos para las partes de los diálogos, como el reconocimiento de las víctimas, el reconocimiento de responsabilidad hacia ellas, su participación, la satisfacción de sus derechos, el esclarecimiento de la verdad, la reparación y la reconciliación, entre otros.

apoyo internaiconal pazNuestro país está asistiendo al mayor cambio político y social de su historia. Sobra reiterar que esta transición tiene el poder de potenciar la economía colombiana al sustraer de la ecuación de los negocios el factor de riesgo y de costos de la guerra. Lo que no está de más en este escenario es reconocer que el rol de las empresas en el postconflicto que se avecina no se limita solamente a la oferta de empleo para excombatientes desmovilizados, como tan a menudo se asume en las esferas empresariales del país.

Durante la última Asamblea General de Afiliados de AmCham Colombia, el Ministro Consejero para el Postconflicto, Rafael Pardo, afirmó que la estrategia central del gobierno en este periodo es la estabilización de las distintas regiones del país a través de una mayor presencia policial, militar, de justicia y del Estado. De acuerdo con el ministro, este proceso de integración se apoya fuertemente en la ampliación de la economía formal a esas zonas del país; una tarea que encuentra gran parte de su músculo en los empresarios.

Algunas propuestas del Gobierno Nacional para estimular la participación real del sector privado en la construcción de nuevas condiciones socioeconómicas una vez se firme la paz son el desarrollo de esquemas similares a las alianzas público-privadas para realizar determinados proyectos de infraestructura en ciertas zonas del país y una oferta de estímulos tributarios para la reubicación industrial, que debería poder reorganizar las empresas en Colombia para aumentar la cobertura de la economía formal.

No es el momento de la duda temerosa, sino de la crítica constructiva. A estas seis décadas de conflicto armado interno les ha llegado la hora cero, pero esta finalización exitosa no depende solamente de los negociadores sentados en La Habana o de los actores a quienes representan. Depende también de que un país dividido por el rasero del conflicto, entre quienes lo han vivido y esos que apenas lo imaginan desde los testimonios de otros, se enfrente responsablemente con la decisión radical de reconocer que en una nación que se reconstruye no puede haber otros, sólo nosotros. Sólo todos. Esta es quizás la tarea más patriótica que las últimas tres generaciones de colombianos hemos tenido en las manos; el mínimo debido es formar nuestros juicios a partir de información y de hechos.


De interés:
Empresas y ampliación de la economía formal, claves para el postconflicto
Galería LXI Asamblea General de Afiliados AmCham Colombia

 

 

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