Del transporte a la logística: ¿qué aspectos fundamentales tener en cuenta al momento de contratar?

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Franco & Abogados Asociados


Por: Javier Franco-Zárate, Socio de Franco & Abogados Asociados y profesor investigador del Departamento de Derecho Comercial de la Universidad Externado de Colombia
Publicado en Business Mail Julio 2015, disponible aquí 

Dada la importancia que en el contexto actual de los negocios tiene el transporte de carga, resulta de la mayor trascendencia tener claro el panorama de riesgos legales asociados a tal actividad al momento de contratar dichas operaciones.

Consideraciones básicas

De entrada conviene resaltar la necesidad de contratar el transporte con un transportador autorizado que cuente con la habilitación requerida para prestar el servicio que se pretenda contratar, es decir, se debe evitar a toda costa la contratación con los llamados transportadores “informales”.

En segunda instancia conviene preguntarse ¿cómo responderá eventualmente el transportador en caso de daños o pérdidas de las mercancías? Lo cierto es que la pregunta no tiene una sola respuesta válida y que el esquema de responsabilidad contractual del transportador variará en cada caso concreto principalmente en función del tipo de contrato que se esté celebrando, es decir, fundamentalmente dependiendo de la naturaleza y características de la operación particular que se pretenda realizar.

Tipos de contratos de transporte

Una primera forma de diferenciar los contratos de transporte está dada según el modo en que se vaya a emplear en la operación (terrestre, marítimo o aéreo), ya que son igualmente diversas las reglas que les resultan aplicables a dichos contratos dependiendo de esta variable. Aparte, el régimen será diferente también dependiendo de si dicho contrato se enmarca en el ámbito de una operación de carácter nacional o, si por el contrario, se trata de una operación internacional. Además, resulta oportuno tener presente que cada vez con más frecuencia se prevé realizar una operación que implica la combinación de modos de transporte bajo un mismo contrato con un único transportador que se responsabiliza por toda la operación (lo que usualmente se conoce como una operación de transporte multimodal) y que, a su turno, implicará la aplicación de unas pautas diferentes para determinar el alcance de la responsabilidad civil del transportador. De tal forma, resulta de la mayor trascendencia tener presente al momento de contratar la naturaleza y demás características de la operación, así como el/los modo(s) de transporte a emplear, ya que serán usualmente tales criterios los que servirán de base para determinar el régimen jurídico aplicable a la operación en el caso concreto.

Cargo plane, truck, lorry and a delivery cars

Aspectos generales de la responsabilidad civil en el contrato de transporte

Queda claro entonces que el panorama de responsabilidad civil del transportador es diverso y que generalmente viene determinado por diferentes variables que sólo son susceptibles de ser establecidas completamente en el caso concreto. Aunque hay importantes diferencias entre los regímenes, se podría decir, sin embargo, que existen algunos principios generales que hasta cierto punto pueden ser transversales a los contratos de transporte en abstracto. Por ejemplo, en general, el transportador suele tener a su cargo una obligación “de resultado” consistente en entregar las mercancías en el destino pactado en el mismo estado o condición en que le fueron entregadas originalmente por el remitente, debiendo entonces custodiar la carga adecuadamente durante la movilización para evitar daños o perdidas de mercancías durante el traslado. Así, si el transportador daña o pierde la mercancía, a menos que medie una causal eximente (las que varían dependiendo del régimen respectivo aplicable al caso concreto), estará usualmente llamado a pagar una indemnización por el daño causado. No obstante ello, lo cierto es que, a menos de que se pruebe la intención del transportador de causar el daño (o una actuación gravemente culposa), usualmente el transportador no responde por la totalidad del perjuicio causado con la pérdida o el daño (o en ciertos regímenes por el retraso en la entrega) y que, por tanto, este goza con frecuencia de la posibilidad de amparase en un tope indemnizatorio.

Así, por ejemplo, en el caso del contrato de transporte terrestre nacional de mercancías regido por el Código de Comercio -Artículos 981 a 1035-, el transportador terrestre tiene justamente una obligación de resultado de conducir las cosas a destino y entregar dichas mercancías en tal punto en el mismo estado o condición en que las recibió de manos del remitente en origen. Si durante la conducción el transportador daña o pierde las mercancías o si las entrega con retraso, el transportador deberá en principio pagar una indemnización de los daños causados a menos que pruebe, al tenor de lo previsto en el Artículo 992 del mismo estatuto, que se presentó lo que se conoce como una “causa extraña” (una de cuyas especies más conocidas es la llamada fuerza mayor) y que, además, había adoptado todas las medidas que razonablemente hubieran sido adoptadas por un transportador profesional para evitar el daño o su agravación. En este tipo de eventos, si procediera el pago de una indemnización, el transportador deberá dar aplicación a lo previsto en el Artículo 1031 del Código de Comercio para calcular el valor de la misma en el caso concreto.

¿Cómo es la situación en los contratos de servicios logísticos?

A pesar de las consideraciones que puedan hacerse sobre el contrato de transporte, lo cierto es que se trata de un contrato que suele tener unas reglas expresamente previstas en la ley o convenio respectivos para determinar el alcance de la responsabilidad civil del transportador en cada caso. De esta forma, al momento de contratar el transporte, el remitente tiene ciertos elementos que le permiten medir en la mayoría de los casos su exposición al riesgo por daño, pérdida o retraso en la entrega de las mercancías. La pregunta que surge entonces es, ¿pasa lo mismo en general con la contratación de los llamados “servicios logísticos”, tan de moda hoy en el ámbito empresarial? Lo primero que habría que decir al respecto es que no existe un catálogo taxativo de servicios logísticos y que, por tanto, el universo de esta clase de servicios suele incluir en la práctica tareas de muy variada índole como empaque, rotulado, marcado, gestión de inventarios, picking, almacenamiento o ensamblaje, entre otras muchas actividades. De tal manera, suele ser común contratar este tipo de operaciones con un “operador logístico” quien estará encargado de ejecutar las labores contratadas atendiendo a las necesidades particulares del empresario, labores que con frecuencia serán desplegadas en una plataforma logística o infraestructura logística especializada (ILE) dispuesta para ese efecto.

Lo cierto es que el contrato que se realice con el operador logístico para la realización de dichas “tareas logísticas” -si es un verdadero contrato de servicios logísticos- será un contrato atípico, es decir,  un contrato que no tiene una regulación legal completa en nuestro ordenamiento jurídico (como en muchos otras jurisdicciones) ni en los convenios internacionales vigentes -a diferencia de lo que sucede con el contrato de transporte- y, por tanto, será indispensable diseñar adecuadamente las cláusulas del contrato para equilibrar convenientemente la balanza de riesgos legales que supone la operación para las partes implicadas.

http://www.francoabogados.com.co

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